jueves, 24 de septiembre de 2026

 

Misión de los 72 discípulos. Lc10,1-24

Este relato se enmarca en la subida a Jerusalen, después de la postura por parte de Jesús de las exigencias de la vocación apostólica.

10.1 Después de esto, designo el Señor a otros 72 y los envió por delante, de dos en dos, a todas las poblaciones y sitios a donde él había de ir.

Designo el Señor; esta acción es supremamente poderosa y diciente, pues implica intervenir en la historia de otro para formarle un propósito, un destino para un fin determinado, que pasa por el entendimiento del designado, para ser aceptado por la voluntad, en libertad. El designio del Señor no va en contravía del juicio humano, no va en contravía de su lógica racional, sino que con su Palabra y su orden, la potencializa, la enriquece, la llena de determinación y le da fuerza y valor para actuar con sensatez y desde ella ir por delante.

Los envió por delante; los encomendó, los encamino, les confía algo y eso que les confía para enviarlos, es su Palabra, son sus acciones, es su Vida, los envía por delante de él, los envía primero que él, para que con su vida en el lugar al que han sido enviados, manifiesten la pronta presencia de Jesús, que llegara.

De dos en dos; “Mas valen dos que uno solo, pues obtienen mayor ganancia de su esfuerzo. Si uno cae, lo levantará su compañero; pero hay del solo que cae, que no tiene quien lo levante. Si dos se acuestan, se calientan entre si; pero el que está solo, ¿cómo se calentara?. Si atacan a uno, los dos harán frente. La cuerda de tres hilos no es fácil de romper”Ecle4,9-12. De dos en dos, Jesús envía de dos en dos para que haya beneficio mutuo, apoyo, compañía, resistencia y fortaleza. De dos en dos para que haya comunión, para que haya comunicación, para que se propicie la comunidad, el andar juntos, al mismo ritmo, con la misma armonía, van caminando juntos dos identidades separadas para crear en su andar fraternidad, una fraternidad solidaria basada en el dialogo, en la ayuda mutua, para ser testigos ambos de cada uno, para corroborar las acciones y las palabras del otro, para ser compañía y complemento, un yo, un tú, un nosotros.

10.2 Pero antes les dijo: “La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad pues al Dueño de la mies que envié obreros a su mies.

Este “pero antes”, es como un freno que pone Jesús, para entrarlos en situación, para calmar sus emociones y sus ansias y para aterrizarlos en la realidad, para que no se vayan a escandalizar de a mucho, para que no se vayan a cansar en medio de las dificultades que se les aproximan y para que la obra que inician, conociendo la realidad a la cual se exponen, la culminen.

La mies es mucha y los obreros pocos; esta es la realidad que enfrentan de tajo los 72 discípulos, una realidad que se traduce en mucho trabajo, mucha fatiga y mucho cansancio y que desde ya los enviados tienen que asumir, tienen que ser conscientes de que la labor no es para nada fácil, pero va delante de ellos la gracia de Dios, como nube que los protege en el día y columna de fuego que los protege en la noche, el trabajo es mucho, es apremiante pero la gracia de Dios va adelante.

Rogad pues al Dueño de la mies que envié obreros a su mies; en medio de todas sus labores apostólicas, la labor que tiene predilección y que empuja a todas, es la labor de la oración, de la súplica, de la intercesión. Los discípulos al conocer la realidad tienen la misión de rezar para la transformación de la realidad, si no se conoce la realidad, no se puede a través de la oración transformarla, los 72 tienen una misión  a través de su oración, transformar la realidad, ora+acción, los discípulos están llamados a contemplar la realidad, involucrarse en ella, meditar en ella y orar por ella, cuando la oración no está directamente relacionada con la realidad pierde fuerza, pierde brío, carácter y se transforma en un asunto meramente piadoso para calmar las incertidumbres individuales del inconsciente.

10.3 Id, pero sabed que os envió como corderos en medio de lobos.

Id; los envió, tomen rumbo, hagan camino, este Id, es el disparador de la misión, sin la orden clara no hay misión, pero esta orden Id, presupone ya un hacia donde, hacia la periferia, hacia la lejanía, hacia los que no están cercanos a Jesús y a los cuales, pronto Jesús se les acercara, a esos, a los alejados, a los lejanos, a los que no conocen, corresponde ese Id de Jesús a sus discípulos.

Pero sabed que os envió como corderos en medio de lobos; en la misión no hay espacio para la ingenuidad, para la candidez, para el idealismo, no hay espacio, la característica de la misión es la objetividad, una objetividad sin mascaras, Jesús es claro y habla con absoluta claridad a sus discípulos, porque los quiere aterrizados, con actitudes firmes, los envía como corderos, con mansedumbre y sencillez de corazón, pero no ingenuos y los envía como corderos en medio de lobos, para que ante los lobos se defiendan juntos, por eso van de dos en dos.

10.4 No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie por el camino.

No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; Jesús quiere que sus discípulos sean ligeros de equipaje, que su equipaje no ponga obstáculo a la misión, que su equipaje no los tiente en las falsas seguridades, mientras más ligero es el equipaje más senderos se anda y a más lejanos se llega, demasiado equipaje da ocasión al establecimiento, al hecho de acomodarse y Jesús no quiere que sus discípulos se acomoden, sino que avancen, que vayan siempre adelante, ligeros de equipaje, porque cuando hay mucho equipaje se busca salvaguardarlo poniendo la esperanza en el equipaje y no en la Palabra que se ha de anunciar.

Y no saludéis a nadie por el camino; a primera vista parecería una actitud descortés, una actitud que tendería a parecer de supremacía, no me importa el otro, pero nada tiene que ver con esto, esta recomendación es para evitar las distracciones, que sofocan el principio fundamental por el cual han sido enviados, anunciar que pronto llegara Jesús, si los discípulos se distraen, este anuncio de la pronta llegada de Jesús se demorara en llegar a los oyentes lejanos y no estarán preparados para su llegada.

10.5/6 Si entráis a una casa decid primero: “Paz a esta casa”. Y si hubiera allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros.

El deseo de la “paz a esta casa” tiene una resonancia enorme, porque involucra decididamente el deseo de bienestar, tranquilidad, seguridad, por la presencia en ella de la justicia y de la armonía como forma de vida familiar que crea un entorno prospero. La “paz a esta casa”, es el mayor saludo que se puede otorgar, y este mismo saludo llama a la unidad y a la cohesión familiar, en la unidad familiar, la justicia y la paz se besan, no significa que no se presenten conflictos, sino que estos se pueden dirimir apoyados en estos dos pilares, la justicia y la paz, casa en paz, sociedad en paz.

Un hijo de paz; aquel que se esfuerza decididamente por tener en sí mismo, y no solo porque lo dice él, sino porque lo dicen otros, características especiales de paz y de justicia y que teniendo estas características profundamente incrustadas en su ser personal, otros lo pueden identificar, aunque él no diga ni siquiera una palabra, el hijo de la paz es una persona que se esfuerza por la unidad, que tiene a la familia en el rango más alto de los valores, porque sabe que de ella proviene la estabilidad, la tranquilidad, la seguridad y la prosperidad.

La paz reposada en el hijo de paz, da cuenta del discernimiento, de un espíritu sereno, de la capacidad que tiene de leer entre líneas los acontecimientos y no actuar con precipitación, la paz reposada permite ver esperanza en lo profundo del horizonte, porque la paz reposada focaliza, la paz reposada elimina las distracciones y brinda silencio al alma para poder escuchar en profundidad los gozos y las alegrías, las tristezas y las angustias que rodean el acontecer humano y poderles  brindar una palabra con certeza.

10.7 Permaneced en la misma casa, comed y bebed lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa.

Permaneced; sugiere esta palabra, establecerse en un lugar para convivir y conectarse con el otro, desarrollando comunión y una relación profunda. Cuando el discípulo permanece en la misma casa, está creando lazos de familiaridad fraterna y solidaria, que conducirán a la ayuda mutua, al hecho de compartir los bienes y acrecentar el espíritu de la generosidad, que llevará a crear nuevos dinamismos sociales y a despertar responsabilidad por el otro. Permanecer es entrelazar no las emociones, sino los afectos, los sentimientos los cuales tiene otra temporalidad diferente a la emoción y permiten una duración, ya que las emociones son esencialmente fugaces y breves, el adonde, caracteriza la emoción, mientras que el para qué, constituye el sentimiento, por eso la importancia de permanecer.

10.8/9 Si entráis en un pueblo y os acogen, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en él, y decidles, “el Reino de Dios está cerca de vosotros”.

La respuesta a la cual están llamados a dar los discípulos a la acogida del pueblo, es el espíritu de sanidad y el anuncio del Reino de Dios. Sanidad y anuncio, dos dinámicas que están correlacionadas en la esperanza, en la esperanza temporal como horizontalidad y en la esperanza definitiva como verticalidad, esta respuesta estructura el faro de luz que ilumina el camino hacia Dios, la cruz. El hecho de decirles al pueblo que “el Reino de Dios está cerca de vosotros” es prepararlos de forma sutil y no escandalizante, por ahora, al hecho de la cruz, como el hecho pleno de autoridad, la cruz irradia autoridad, pues es en la cruz donde se inicia el Reino de Dios, si se rechaza la cruz, se rechaza el Reino.

10.10/11 Si entráis en un pueblo y no os acogen, salid a sus plazas y decid: “Sacudimos sobre vosotros el polvo de vuestro pueblo que se nos ha pegado a los pies. Sabed de todas formas que el Reino de Dios está cerca”.

Sacudimos sobre vosotros el polvo de vuestro pueblo que se nos ha pegado a los pies; esta frase que ordena decir Jesús, dado el caso de que se rechace y no se acoja el anuncio de la cercanía del Reino de Dios, es una frase muy dura, que causa conmoción, es una de las frases más perturbadoras del Evangelio, es una de las frases más precisas y más concisas que transmiten un gesto simbólico de rechazo, de separación y de testimonio ante la negativa de un pueblo, a recibir el mensaje del

Evangelio, indicando el cese de responsabilidad de los discípulos y la aceptación por parte del pueblo de las consecuencias del rechazo, dejando el juicio en manos de Dios y marcando una división no subjetiva, sino muy objetiva que se reconoce en el centro del pueblo y se irradia a su periferia. No es un acto de ira, sino de desapego, para que los discípulos puedan seguir adelante sin resentimiento, sin echarse al hombro las culpas ajenas, dejando que el pueblo mismo se enfrente a su propia decisión de rechazar a Cristo.

10.12 Os digo que aquel Día, habrá menos rigor para Sodoma que para aquel pueblo.

Aquel día; El día de la llegada del Señor si se acepta y se vive su Palabra, palabra que transmiten sus discípulos, será un día en donde se experimentará la misericordia de Dios, pero si llegase el día y no se acepta ni se vive su Palabra se experimentará la justicia de Dios y habrá menos rigor para aquellos que no conocieron, en relación a los que conociendo y escuchando rechazaron la Palabra de Dios.

10.13/15 ¡Ay de ti, Corazin! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertos de sayal y sentados sobre ceniza. Por eso en el Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras. Y tú, Cafarnaún ¿pretendes encumbrarte hasta el cielo? ¡Pues hasta el hades te hundiras!.

Aquí hay una especificidad de los cercanos y los lejanos y que los une un propósito, la conversión, la conversión no es un asunto etéreo, es un asunto específico, porque la conversión se mete en este caso con la ubicación de un lugar concreto, objetivo, real, en el cual geográficamente se ubica en el mapa y por ende se supone poblado, hay gente allí conviviendo, haciendo su vida, y a esta gente se le ha llegado de una u otra manera, con el anuncio de la cercanía del Reino de Dios. Este anuncio conlleva entonces el mensaje de la conversión, no como una obligación, sino como una invitación para que sea aceptada y vivida, pero sucede que, la situación de comodidad y de alguna cercanía, conduce a no tomar tan en serio este llamado a la conversión, a no tomar tan en serio la cercanía del Reino de Dios, los cercanos se habitúan, se rutinizan, pierden la capacidad del asombro y lo extraordinario se convierte ya en algo normal, se normaliza el milagro y cuando se normaliza, genera apatía, desanimo, porque ya la fascinación se pierde y cuando se pierde el ánimo por la conversión personal constante, hace que se mire el Reino de Dios ya no como algo cercano, sino como algo lejano y que puede esperar, de ahí la situación de Cafarnaun, en muchas ocasiones sin darnos cuenta aparentemente nos convertimos en ese Cafarnaun, en ese Corazin, en esa Betasaida.

10.16 Quien os escucha a vosotros, a mí me escucha; quien os rechaza a vosotros, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mi, rechaza al que me ha enviado.

Que bonito versículo, porque hace notar Jesús que, a cada uno de los discípulos enviados, les hace participes de una u otra forma de su ser como persona, el discípulo se convierte entonces podríamos decirlo en una extensión de la persona de Jesús, Jesús siente en sí mismo lo que le sucede al discípulo y hace que el discípulo sienta lo que le sucede a Jesús, en este caso el discípulo y Jesús son uno, así como es Uno Jesús con el que le Envió, el Padre Eterno.

10.17 Regresaron los 72 y dijeron alegres: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre”.

La alegría del regreso contrarresta la ansiedad y ciertamente el miedo de la ida, porque al partir no sabían con que se iban a enfrentar, que iban a encontrar, pero regresan alegres porque en su ida también ellos se encontraron con Jesús, Jesús se quedó y los envió, pero se fue con ellos, ellos no estuvieron solos, estuvieron con Jesús y Jesús estuvo con ellos cuando pronunciaban y proclamaban su nombre, la cercanía de su Reino a otros y cuando proclamaban el nombre de Jesús el milagro se hacía evidente, real, tan real que no había dudas de la presencia de él con ellos y descubrieron que a pesar de las dificultades y las adversidades, pronunciar el nombre de Jesús a otros le generaba una profunda alegría y veían sometido el mal a sus pies, enfermos sanos, personas tristes ahora alegres, personas desesperanzadas ahora con esperanza y eso les reconfortaba y les encendía aún más a los discípulos el corazón, experimentando profundamente el amor de Dios.

10.18  Él les dijo: “Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo”.

El anuncio del Reino de Dios y la proclamación del nombre de Jesús, son un exorcismo por el poder que este anuncio y este nombre conllevan, al anunciar el Reino de Dios y al proclamar el nombre de Jesús, los cimientos del infierno se fracturan y al percibir el demonio fracturados sus cimentos, se abalanza para atacar a los que anuncian y proclaman. El anuncio del Reino de Dios y la proclamación del nombre de Jesús producen mucha alegría, mucho gozo, mucha fortaleza, mucha convicción y certeza en la fe, pero también, mucho ataque del demonio, mucho ataque de satanas, así que hay que estar preparados, ser conscientes del ataque, actuar con discernimiento, actuar con astucia.

10.19 Mirad, os he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones, así como cualquier demostración de fuerza del enemigo; nada os podrá hacer daño.

La labor discipular al momento del envió a la misión, queda envuelta y protegida en el poder de Dios, en la protección de Dios, en la fuerza de Dios, ante la cual nada ni nadie podrá doblegar, el anuncio del Reno de Dios y la proclamación del nombre de Jesús. La fuerza de Dios contrarresta a la fuerza del enemigo y otorga tranquilidad, consuelo y protección en la ardua tarea misionera, haciéndole entender al discípulo que el que lleva la obra de evangelización es Dios y que se vale del discípulo como instrumento, teniendo en cuenta este sentido, el anuncio del Reino de Dios y la proclamación del nombre de Jesús, lo antecede y lo precede el poder de Dios, la fuerza de Dios y esto con el propósito de que, el discípulo confié en que la obra la lleva Dios y no él.

10.20 Pero no os alegréis de que los espíritus se os sometan; alegraos de que vuestros nombres estén inscritos en los cielos.

La alegría es trascendente, la alegría trasciende el plano existencial y se proyecta en el plano de eternidad, Dios es un Dios alegre, y por tanto la alegría que él nos comparte, nos hace desde ya vivir la eternidad, con convicción y serenidad. El discípulo no está llamado solamente a contemplar con complacencia la obra de Dios en el mundo, no está llamado solamente a tener los pies firmes en la tierra, sino a mirar al cielo, anhelando la eternidad, anhelando la plenitud de la alegría, su hogar definitivo, para de esta manera, ser un signo claro y evidente de esperanza en el mundo.

10.21 En aquel momento se llenó de gozo Jesús en el Espíritu Santo y dijo: “Yo te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes y se las has revelado a gente sencilla. Sí, Padre, pues tal ha sido tu decisión”.

La decisión de Dios es la sencillez, Dios rehúye de lo ostentoso, en los sencillo actúa Dios, Dios se apoya en los sencillos para llevar adelante su obra. Por medio de la gente sencilla Dios obra sin complejidad, con naturalidad y completa autenticidad, por una simple característica, Dios es un Dios humilde que llama a la humildad y quien es humilde es dócil a la voluntad de Dios. La gente sencilla facilita las relaciones interpersonales al eliminar las barreras del ego, y esto implica, un estilo de vida más austero y enfocado en lo vital, permitiendo una mayor conexión con uno mismo y con los demás, de ahí que, la obra de Dios se soporta en los sencillos, esta ha sido la decisión del Padre Eterno.

10.22 Mi Padre me ha entregado todo, y nadie conoce quien es el Hijo, sino el Padre; ni quien es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Lleno de gozo por el Espíritu Santo, Jesús revela a los discípulos la relación amorosa con el Padre, la comunicación intratrinitaria, revelación de alto calibre reservada a los sencillos, porque desde la sencillez se empieza a comprender el misterio de Dios, el misterio de Dios es para los sencillos. Entregar, conocer y revelar tres palabras claves que estructuran el acontecer de Dios en los discípulos y a través de ellos al mundo entero, el Padre que entrega todo al Hijo, el Hijo que es conocido por el Padre, y el Hijo a través del Espíritu Santo, que revela el don del misterio de la Trinidad a quien quiera revelárselo.

10.23/24 Volviéndose a los discípulos les dijo a parte: “¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron”.

Jesús no deja que sus discípulos se dispersen ni se entretengan nuevamente con los afanes del mundo, sino que los congrega de nuevo aparte, los aparta de la muchedumbre, privilegiándolos, haciendo hincapié en la dicha que a ellos está reservada, una dicha privilegiada, una dicha que muchos quisieron tener, que muchos vieron desde la lejanía, pero solamente a sus discípulos estaba reservada, la dicha de ver a Jesús, oír a Jesús y seguirle.

 

 

 

 

 

 

 

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